
¿Por qué nos cuesta ser asertivos? Las principales causas de la falta de asertividad
Decir lo que pensamos, expresar nuestras necesidades, poner límites o aprender a decir «no» debería ser algo sencillo. Sin embargo, para muchas personas estas situaciones generan inseguridad, miedo, culpa o incluso ansiedad.
Ser asertivo no significa imponerse a los demás ni decir siempre lo que pensamos sin tener en cuenta cómo puede sentirse la otra persona. La asertividad consiste en poder expresar nuestras opiniones, deseos, emociones y necesidades de una manera clara y respetuosa, defendiendo nuestros derechos sin vulnerar los de los demás.
Entonces, si sabemos que comunicarnos de esta manera puede ayudarnos a sentirnos mejor, ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo?
La falta de asertividad no aparece de la nada
Nuestra manera de relacionarnos con los demás se va construyendo a lo largo de nuestra vida. La familia, la educación recibida, nuestras experiencias, las relaciones que hemos tenido y la imagen que hemos desarrollado de nosotros mismos influyen en la forma en la que comunicamos lo que necesitamos.
En muchas ocasiones aprendemos, de manera consciente o inconsciente, que expresar determinadas necesidades puede generar conflictos o rechazo.
Frases como:
«No seas egoísta».
«Hay que pensar en los demás antes que en uno mismo».
«No contestes».
«No merece la pena discutir».
«Hazlo y no te quejes».
pueden hacer que asociemos la expresión de nuestras necesidades con algo negativo.
Con el tiempo podemos aprender a callar para evitar problemas, a ceder para mantener la armonía o a priorizar constantemente las necesidades de los demás.
Y cuando este comportamiento se repite, puede convertirse en un patrón.
1. El miedo al rechazo
Una de las razones más frecuentes por las que nos cuesta ser asertivos es el miedo a no gustar.
Podemos pensar:
«Si digo que no, se enfadará conmigo».
«Si digo lo que realmente pienso, puede dejar de quererme».
«Si pongo límites, pensará que soy una mala persona».
Este miedo puede llevarnos a modificar nuestro comportamiento para conseguir la aprobación de los demás.
El problema es que intentar agradar constantemente puede alejarnos de nuestras propias necesidades. Decimos que sí cuando queremos decir que no, aceptamos situaciones que nos incomodan o evitamos expresar nuestro desacuerdo.
Y aunque aparentemente conseguimos evitar un conflicto, a largo plazo podemos sentir frustración, resentimiento o agotamiento.
2. El miedo al conflicto
Para algunas personas cualquier desacuerdo se vive como una amenaza.
Confunden expresar una opinión diferente con iniciar una discusión. Por eso prefieren evitar determinadas conversaciones, aunque sean importantes.
Sin embargo, tener un punto de vista diferente no significa estar en conflicto.
Dos personas pueden quererse y pensar de manera diferente. Una pareja puede tener necesidades distintas. Un amigo puede no estar de acuerdo con nosotros. Un compañero de trabajo puede plantearnos una opinión diferente.
La asertividad nos permite aprender que el desacuerdo forma parte de las relaciones y que no todos los conflictos tienen que convertirse en enfrentamientos.
3. La culpa por poner límites
Otra dificultad frecuente es sentir que tenemos que estar disponibles para los demás.
Cuando ponemos un límite pueden aparecer pensamientos como:
«Debería ayudarle».
«Si no lo hago, soy egoísta».
«Hay personas que están peor que yo».
«No debería pensar tanto en mí».
Pero cuidar de los demás y cuidarnos a nosotros mismos no son comportamientos incompatibles.
Un límite no es un castigo ni una forma de rechazar al otro. Es una manera de expresar hasta dónde podemos llegar y qué necesitamos para sentirnos bien.
Aprender a decir «no» no nos convierte en personas egoístas. Nos permite establecer relaciones más equilibradas.
4. La baja autoestima
La manera en la que nos valoramos también influye mucho en nuestra capacidad para comunicarnos de forma asertiva.
Cuando una persona siente que sus opiniones, necesidades o sentimientos son menos importantes que los de los demás, es más probable que renuncie a expresarlos.
Puede pensar:
«Lo que yo quiero no es tan importante».
«Seguro que estoy exagerando».
«Quizá estoy equivocado».
«Mejor me callo».
En estos casos, trabajar la asertividad implica también trabajar la relación que tenemos con nosotros mismos.
Reconocer nuestras necesidades no significa considerar que son más importantes que las de los demás. Significa entender que también tenemos derecho a ser escuchados.
5. El miedo a equivocarnos
A veces no expresamos lo que pensamos porque queremos estar completamente seguros de tener razón.
Pero comunicarnos de forma asertiva no requiere tener la verdad absoluta.
Podemos decir:
«Yo lo veo de otra manera».
«Desde mi experiencia, esto me hace sentir…».
«No estoy de acuerdo, aunque entiendo tu punto de vista».
La asertividad también implica aceptar que podemos equivocarnos y que la otra persona puede tener una perspectiva diferente.
6. La dificultad para identificar lo que necesitamos
En ocasiones el problema no es que no sepamos expresar nuestras necesidades, sino que no sabemos cuáles son.
Estamos tan acostumbrados a adaptarnos a los demás que dejamos de prestar atención a lo que sentimos.
Podemos saber perfectamente qué necesita nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros padres o nuestros compañeros, pero tener dificultades para responder a una pregunta aparentemente sencilla:
¿Y yo qué necesito?
Aprender a ser asertivos comienza muchas veces por aprender a escucharnos.
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué necesito en este momento?
¿Qué me está molestando?
¿Qué quiero aceptar y qué no quiero aceptar?
¿Qué límite necesito establecer?
Estas preguntas pueden ayudarnos a conectar con nuestras propias necesidades antes de comunicárselas a los demás.
7. El miedo a decepcionar
Existe una diferencia importante entre decepcionar a alguien y hacerle daño.
Podemos tomar una decisión que otra persona no esperaba y que le genere decepción sin estar haciendo nada malo.
Por ejemplo, podemos rechazar una invitación, no querer asumir una responsabilidad o necesitar tiempo para nosotros mismos.
La otra persona puede sentirse decepcionada. Y podemos comprender y respetar su emoción sin tener que cambiar nuestra decisión.
Aceptar que no podemos satisfacer siempre las expectativas de los demás es una parte importante del aprendizaje de la asertividad.
8. La ansiedad dificulta la comunicación
Cuando una situación nos genera mucha ansiedad, pensar con claridad y expresarnos de manera tranquila puede resultar complicado.
Podemos bloquear nuestra respuesta, hablar demasiado rápido, elevar el tono de voz o, por el contrario, quedarnos callados.
Por eso, desarrollar habilidades de regulación emocional puede ser una parte importante del entrenamiento en asertividad.
Antes de responder, podemos aprender a detenernos, respirar y preguntarnos:
«¿Qué quiero comunicar realmente?»
Esa pequeña pausa puede ayudarnos a responder en lugar de reaccionar.
Ser asertivo también se aprende
La buena noticia es que la asertividad no es una característica que tengamos o no tengamos. Es una habilidad que puede desarrollarse.
Podemos empezar con pequeñas situaciones cotidianas: expresar una preferencia, pedir algo que necesitamos, decir que no a una petición o manifestar nuestro desacuerdo de manera respetuosa.
Al principio puede resultar incómodo e incluso difícil. Es normal.
Cuando durante mucho tiempo hemos aprendido a evitar el conflicto o a satisfacer las necesidades de los demás, empezar a poner límites puede generar culpa o inseguridad.
Pero esa incomodidad no significa necesariamente que estemos haciendo algo mal. A veces significa simplemente que estamos haciendo algo diferente a lo que hemos hecho hasta ahora.
Una pregunta para empezar
La próxima vez que estés a punto de decir «sí» a algo que realmente no quieres hacer, detente unos segundos y pregúntate:
«Si no tuviera miedo de molestar o decepcionar a esta persona, ¿qué respondería?»
La respuesta puede darte una información muy valiosa sobre tus verdaderas necesidades.
Ser asertivo no consiste en aprender a decir «no» a todo. Consiste en poder decir sí cuando queremos decir sí y no cuando queremos decir no, expresar lo que sentimos y necesitamos y construir relaciones en las que exista espacio tanto para los demás como para nosotros mismos.
Porque cuidar nuestras relaciones es importante, pero aprender a no abandonarnos a nosotros mismos para mantenerlas también lo es. Ser fiel a ti mismo/a, también es una prioridad.
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